domingo, 23 de enero de 2011

Es un trabajo de Lengua, espero que os guste.

Cerca del agua te quiero llevar

La mañana era soleada, los rayos del sol te cegaban, era un día muy caluroso, demasiado para ser invierno. Estaba sentada en el césped de mi pequeño jardín, saboreando el aroma del dulce geranio. Mañana es lunes, y no hay clase, día libre. Desde allí se divisaba el mar, que estaba a muy cerca de mí casa. Me encantaba el mar: su aroma, su brisa, el sonido al romper las olas… Siempre que podía me iba a la playa y me relajaba allí. Una silueta oscura que estaba detrás de mí, captó mi atención: era mi madre. Su hermana iba a venir a comer hoy con su marido y su hijo. Mi tía era millonaria y vivía con su familia en un enorme chalé, por lo que son de la clase alta. Sin embargo mis padres y yo somos de la media. Mi primo Lucas es muy creído, se cree que es el mejor del mundo, nunca lo he soportado, siempre que vienen a comer nos mira con superioridad, y me pone de los nervios. Desde que era muy pequeña iba casi todos los fines de semana a su casa, y Lucas también venía a nuestra casa algunos fines de semana, siempre nos divertíamos jugando al escondite, mi sitio preferido donde esconderme era en una casita del árbol dentro de un baúl de juguetes, nunca me encontraba. Hasta que un día en su cumpleaños, invitó a todos sus amigos, jugamos al escondite y yo me escondí donde siempre, desde dentro podía oír como contaba: “Uno, dos, tres…” así hasta “¡…diez! ¡El que no se halla escondido tiempo ha tenido!” Gritó mi primo. Pude percibir como corría por el jardín y rodaba sillas y mesas, pero cuando escuché que se acercaba a mí, me quedé muy quieta y silenciosa, fue por toda la casita, pero nunca abrió el baúl. Cuando salí de allí no había nadie a mí alrededor, así que decidí bajar por si se habían olvidado de mí, pero al abrir la puerta para poder salir no se abría, la habían cerrado con llave, empecé a gritar como una loca, pero nadie me oía. Estuve allí unas cuatro horas, tenía hambre y ganas de ir al baño, quería salir de allí e ir con mi madre. Unos pasos se acercaron a la puerta mientras que alguien decía:

-Te vas a meter en un buen lío como Amanda esté aquí, jovencito.-era mi tía.

La puerta se abrió con un chirrido, estaban mi tía, mi madre, mi primo y sus amigos. Mi madre desde que me vio fue corriendo hacia mí y me cogió en brazos, luego discutieron mis tíos con mis padres y…lo demás lo recuerdo muy borroso. Desde aquel día no he ido más a casa de mi primo, y ya han pasado doce años desde aquel…accidente. Me levanté y fui a prepararme para el almuerzo, siempre reservaba mis mejores galas para cuando venían ellos, bueno, más bien mi madre me las reservaba. Encima de mi cama había un vestido sencillo, pero a la vez elegante, no era de un color llamativo y eso me gustaba, quería pasar desapercibida. Ya era la hora y mis padres y yo estábamos esperándolos sentados en el sofá, tocaron el timbre, eran ellos, mi madre les abrió la puerta. Allí estaban los tres, mi tía, mi primo, y su marido, siempre tan estirados y demasiado elegantes para la ocasión: diamantes, perlas, trajes de etiqueta… parecía que iban a ir a una boda. Mi primo ni siquiera se había fijado en mí, solo estaba mirando la casa con ese toque de superioridad que a mí no me gustaba nada. Sin embargo mi tía fue la primera que se fijó en mí, me dijo lo grande y lo guapa que estaba. En ese único momento fue cuando Lucas dirigió su mirada hacia mí. Cuando nos sentamos en la mesa mi madre ya había servido la comida: de primero sopa, de segundo solomillo y de postre tarta de chocolate, mi favorita. El almuerzo se me hizo eterno, mis padres hablaban con mis tíos sobre que dentro de poco terminaríamos el instituto, a que universidad iríamos y cosas de esas. Mi tía estaba muy contenta hablando de que Lucas iba a ir a una universidad muy cara donde iba a estudiar medicina, los hobbies que hacía él; fútbol, natación, baloncesto, golf, etc. Me quedé asombrada de todo lo que hacía, y pensé “¿Alguna vez tendrá algún día libre?” Le eché un vistazo rápido a mi primo, que estaba a mi lado, muy serio y además parecía enfadado. De pronto Lucas se levantó de la mesa con brutalidad y a su paso tiró un jarrón al suelo, mis tíos y mis padres se quedaron atónitos sin decir palabra, excepto mi tía, que no paraba de gritarle a Lucas que volviera a la mesa y recogiera lo que había tirado, pero Lucas ya se había ido. Mi tío hizo ademán de ir a buscarlo, pero me adelanté a él y le seguí. Lucas estaba apoyado en un árbol, en mi jardín, con un geranio en la mano y mirando al mar, me acerqué a él.

-No sabes la suerte que tienes.

-¿Por?-le pregunté.

-Por poder hacer lo que quieras, ir a donde quieras y cuando sea.-me coloqué al lado de él.

-No sabes la suerte que tienes.-le dije. Se empezó a reír con ironía.

-¿Por qué? ¿Por ser millonario? No sabes lo que dices.

-Al menos tú puedes ir a la universidad que te gusta sin importar lo que cueste, o comprarte la ropa que quieras, lo tienes todo, hasta un coche, y eso que te quedan dos años para poder sacarte el carnet.

-¿Y eso que más da? Tú al manos puedes elegir a cuál quieres ir, yo no, todo lo deciden por mí, no me dejan tomar mis propias decisiones.

-Sabes, me caes mal.-se río.

-Tú a mí no. Te caigo mal ¿por? Ah, claro, por encerrarte en la casita ¿no?-me miró.

-Cuando era pequeña si era por eso, pero ahora no es por eso.

-¿Entonces?

-Eres demasiado…Altivo y creído, se te sube a la cabeza lo de ser millonario. Antes no eras así, y eso me gustaba de ti.-le miré por si se enfadaba, pero su mirada era tranquila, ninguna señal de enfado.

-¿Antes cuándo?

-Cuando venías a jugar los fines de semana a mi casa.-sonrió feliz.

-Esos fines de semana eran los mejores, siempre quería que terminara la semana para poder venir aquí.

-A mí también me gustaban esos fines de semana. Los echo de menos.

-Yo también.-me dijo.

-¿Entonces eres así por tus padres?

-No por ellos, si no por sus decisiones, estoy frustrado.

-Tengo una idea.-le dije sonriendo.

-¿Qué idea?-dijo mirándome extrañado.

-Ven, sígueme.-le cogí de la mano y empecé a correr y a correr.

-¿A dónde me llevas?-me preguntó gritando.

-Cerca del agua te quiero llevar.

Cuando llegamos sólo me dijo:

-¿Qué hacemos en la playa?

-Aquí es donde me relajo y pienso las cosas. Mira ven te enseñaré.-aún cogidos de la manos me siguió hasta la orilla y se sentó a mi lado.

-Quiero que cierres los ojos.-lo hizo.-Quiero que te olvides de qué estoy aquí y pienses que estás en una isla tú solo.-pasó un minuto.-Escucha el sonido del mar, la brisa dándote en la cara, saborea el aroma, ¿a qué estás en el paraíso?

-Sí.-dijo en un leve susurro.

No sé cuantas horas estuvimos así los dos, pero me levanté y le mojé la cara, él abrió los ojos y empezó a correr detrás de mí con agua en la manos para tirármela, me metí dentro del agua y él hizo lo mismo, le puse mi mano en su cabeza y la presioné hacia abajo, nos estábamos riendo un montón. Él me cogió por la cintura y me cogió como si fuera un bebé, luego me tiró al agua, y así estuvimos un buen rato, hasta que me dijo:

-Gracias por todo Amanda.

-No me las des las gracias, sólo nos estamos divirtiendo.

-No me refiero a eso, aunque te agradezco mucho que me hayas traído hasta aquí.

-¿Y a qué te refieres?

-A decirme lo que piensas y abrirme los ojos, eres la única persona que se ha dignado a decírmelo, y he decidido hablar con mis padres.

-Me alegro mucho Lucas.

Y así, fue como Lucas cambió por completo.

FIN


Por cierto, el finde que viene os prometo que publicaré, que está semana que viene ahora tengo exámenes y tengo que estudiar u.u - Bueno, espero que os guste y me pongan una buena nota :$ Comentad plis, muchos besos.

2 comentarios:

yous ortiz dijo...

Guauuuu : )

Esta buenísimo me encanto sabes me gustaría que siguieras publicando este tipo de historias son grandiosas.

Sigue así eres súper.

Y te deseo lo mejor de lo mejor en tus pruebas.

Tu seguidora yously.

Morales dijo...

Esta realmente bien, escribe mas:)